Estrategias levante

ESTRATEGIAS DEL LEVANTE QUE NUNCA FALLAN

Desde la primera rumba a la que uno va, en aquel salón comunal de la amiga mamasita de la hermana de mi vecino, todos íbamos con un mismo objetivo: Levantar.

Claro en ese momento, dicha palabra tenía otro significado, los grandes y “experimentados” iban por un pico, el resto nos conformábamos con bailar un merengue, hablar un rato y si todo sale de acuerdo al plan, conseguir el teléfono; esa era la hazaña, que por cierto no era nada fácil.

Todo comenzaba con brillantes estrategias entre amigos; división de las viejas, mirar a la elegida por tres horas seguidas haciéndola sentir súper cómoda… hacerse el niño malo, mirar el celular haciéndose el interesante, ir por otro trago, persuadirse uno mismo que un “no gracias” no es tan terrible, convencer al amigo que en serio no es el fin del mundo (aunque si lo fuera), ir por otro trago, llenarse de valor y por fin uno se decide de sacarla a bailar, pero sólo faltan 15 segundos para terminar la canción – mejor la siguiente, ahora si vamos… si, siempre era salsa – hay que esperar la otra ronda…

Mientras tanto, en la mesa de al frente, todas ellas parecen experimentadas, confiadas y difíciles, cruzamos mirada con nuestra próxima víctima, al comienzo ella nos mira con más asco que deseo pero somos pacientes (tenemos tres horas) y ya llegará la mirada coqueta, el semáforo se ha puesto verde y como Montoya en la Kart, salimos decididos pero no ganamos, alguien se adelantó, – ¿quieres bailar?, ¡no gracias! – pobre tipo, ojala tenga un amigo que lo convenza que existen más mujeres. Bueno igual no nos importa, aún seguimos en carrera… vuelve la mirada coqueta y un pensamiento claro “¿qué esperas, ¡sácame! o también voy yo?

Claramente no entendimos nada, pero dos horas después nos levantamos y tímidamente la invitábamos a bailar, no sé cómo, pero funciona, ¡funciona! La niña, lo cogía de la mano y se ponía de pie, detalle que uno no esperaba, así que no tenía pensado que carajos decir, pero acá es donde comienza lo que personalmente más me gusta del levante, ¡improvisar! Hablar carreta, echar la parla, el cuento… como desee llamarlo, el fin es convencerla, conquistarla, rumbeársela y… ya veremos.

Hola, ¿Cómo te llamas?, me encanta tu nombre (fijo es horrible) ¿tienes novio? No soy celoso jaja, ¿Cuántos años tienes?, ¡Pareces menor!, ¿Dónde vives? Súper te queda cerca a todo (así sea Melgar), ¿eres modelo? ¿Segura? Me pareció verte en Flirt´s…

La verdad avanzar de las clásicas preguntas y sus respectivas post-respuestas no es cosa de cualquiera así uno sepa lo estúpidas que se oyen, pero esa falta de improvisación de la mayoría, nos hace la tarea más sencilla a los que tenemos un poco más de imaginación.

Cada noche de rumba a partir de dicha fiesta de salón comunal, se ha convertido en un reto, junto con mi mejor amigo, de llegar a El objetivo. Ambos disfrutamos como nadie el momento de hablar con ellas, inventar alguna que otra mentirita como que protegemos la los delfines de cazadores japoneses, somos de Puerto Rico, tenemos doctorado, estudiamos en M.I.T., soy socio del bar y cualquier otra tontería que mi mente imagina.

Pocas demoran en descifrar que es totalmente falso, la más inocente hay que ayudarla a averiguarlo, sin embargo, tal vez una risa podemos ganar pero también un incómodo y odioso pisotón, sumado a las miradas con la mejor amiga que llega como un rayo a invitarla a ir al baño, seguro está cansada, no tiene nada que ver que nuestras manos sudadas, que ella esté sobria, no salga ningún paso, le haya pegado y jalado el pelo sin querer y lo más grave, no haya entendido ninguno de mis malos chistes.

La verdad es que 15 años después, no ha cambiado todo, sigo mirando el celular, tengo que tomarme un trago para tomar confianza (por uno quiero decir muchos), esperar el género indicado (aunque ya no es merengue, ahora Don Omar y su combo me han dado una mano), sin embargo, hay algo que si evolucionó, ahora un “No” va con una respuesta de “tú te lo pierdes, tampoco quería”, y es que con un buen “si” es suficiente para toda la noche y tiempo que tu conquista lo quiera.

¿Hay una estrategia para levantar? Creo que si la hubiera se perdería la gracia del levante y de coquetearle a esa niña divina que bloquea toda neurona del cerebro y sólo habilita a la del pequeño estratega de la fiesta de salón comunal que seguramente preguntará ¿Laboras o te educas?

Autor: Nikolai Fernández y Santiago Castaño

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